Tremendo e irrepetible. Un partido para recordar. El Atlético de Madrid tuvo el partido ganado, más tarde totalmente perdido y al final logró un empate cuando nadie daba un duro por ello. El equipo de Javier Aguirre pasó de un 0-2 ante el Villarreal a un 4-2 que parecía definitivo. Pero al final, con dos golpes de casta, arrancó un punto que sabe a victoria. Un 4-4 que será difícil de olvidar. Con 0-2 la expulsión de Éver Banega antes del descanso hizo que todo cambiara.
El equipo amarillo se desmelenó en la segunda parte y sólo al final los de Javier Aguirre pudieron poner freno al torrente de juego de los jugadores de Manuel Pellegrini.
Y eso que esta vez le pasó lo contrario al Atleti. No sólo no encajó un gol nada más comenzar el partido, esta vez lo marcó. Se jugaban los primeros segundos cuando Simão soltó un latigazo desde fuera del área y el balón se incrustó cerca de una escuadra de la portería de Diego López. Un soberbio gol para abrir boca. El tercero en una semana del portugués. El Atlético de Madrid, con un centro muy reforzado en el que destacaba la vuelta de Maxi, muy pronto empezaba a mostrar que estaba dispuesto a cortar la racha negativa.
El aluvión de juego amarillo fue inmediato. El Villarreal, con etiqueta de grande bien ganada, se puso a jugar con su estilo habitual. Mucha calidad en sus filas que muy pronto se pudo ver plasmada en el terreno de juego. Los de Javier Aguirre, mientras, apostaban por la solidez para que no pasara lo mismo que en partidos anteriores. El contragolpe podía darle muchos beneficios y así pudo suceder en el minuto 8, pero el balón se fue a las manos del portero del Villarreal tras un disparo de Maniche.
El Madrigal apretaba, y más después de que Undiano Mallenco no decretara penalti en un cruce entre Heitinga y Rossi que reclamó al unísono el personal. Los de Pellegrini percutían con insistencia y Leo Franco salvó a su equipo en el 15 tras peinar Capdevila un balón.
Una cosa es que guardara la ropa y otra que ya no quisiera saber nada de la portería rival. El Atlético resistía el acoso, pero su segunda llegada fue nuevamente mortal. Simão metió un balón en el área a Forlán y el uruguayo engatilló a su más puro estilo.
El partido se le había puesto de cara al Atlético de Madrid, aunque el Villarreal no acusaba el golpe. Seguía a lo suyo como suele ser norma habitual y primero Álvaro Domínguez y más tarde nuevamente Leo Franco tuvieron que intervenir con éxito ante un Rossi que no paraba de dar guerra.
Atlético y Villarreal no intercambiaban los papeles nunca. Cada uno iba a lo suyo, pero poco antes del descanso los rojiblancos tuvieron que ajustar su manual cuando Éver Banega era expulsado tras ver la segunda tarjeta amarilla. El centro del campo pasó a estar formado por una línea de cuatro, quedando Forlán en solitario para pegarse con la zaga del equipo amarillo. Aún quedaba mucho partido por delante.
Y tanto, porque todo el trabajo hecho en la primera parte se quedó en nada en cuestión de minutos. Los primeros de la segunda parte. Primero Marcos Senna sorprendió a Leo Franco con un disparo lejano y después Joseba Llorente batía al argentino tras romper la zaga rojiblanca. El Villarreal estaba desatado y Gonzalo firmaba la remontada antes del primer cuarto al fusilar la portería atlética desde cerca.
El Villarreal estaba desatado y Leo Franco tenía que intervenir sin parar. Primero Marcos Senna y luego Cazorla, ambos desde lejos, pusieron a prueba al guardameta. El Atlético de Madrid intentaba volver a respirar, pero le costaba demasiado. Y ya parecía misión imposible cuando mediada la segunda parte Rossi se coló entre la defensa y tras sortear a Leo Franco marcaba el cuarto.
Parecía que ya había poco que hacer, pero el Atlético sacó el orgullo y eso le valió para dejar mudo El Madrigal. El Villarreal, ya sin Cazorla y sin Pires, pisó el freno y lo pagó. Simão metió al Atlético en el partido y en la siguiente jugada Raúl García marcaba de cabeza tras una falta sacada por Miguel de las Cuevas. Increíble pero cierto. Había que frotarse los ojos para creerlo. El Villarreal, desconocido, era un manojo de nervios y Forlán hasta pudo hacer el quinto. Hubiera sido el no va más…
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